Hay algo mágico en su inmensidad.
En esa densidad que te envuelve.
En ese ruido que se apaga en cuanto te sumerges.
No recuerdo cómo me sentía en la placenta, pero siempre he pensado que debía ser algo así. En invierno algo menos fresquito, claro.
Rozando los 40 descubrí que hay algo aún más mágico que sumergirte en el mar.
Al principio fue solo un pequeño latido.
Después un golpecito allí. Otro allá.
Y de repente, me convertí en madre.
A los 38 años, 3 meses, 25 días y 6 horas.
Y repetí.
A los 40 años, 6 meses, 9 días y 5 horas.
Y cambió el mundo.
Y cambié yo.
De ahí nació una obsesión: cuidarlas bien.
Y aprendí de disruptores endocrinos, COVs y un montón de palabrejos que pueden afectar a su desarrollo cognitivo, a su salud y, al final, también a su felicidad.
Me especialicé en construcción sostenible.
Monté una constructora.
Y entre mis obras incluí la reforma de mi piso "libre de tóxicos" (ya te contaré algún día a qué vienen las comillas).
Y eso está muy bien, pero no lo es todo.
También es lo que comes.
Lo que haces.
Y cómo lo vives.
Pero déjame que siga porque pasaron más cosas.
Entre otras, un cáncer de tiroides.
Tiene buen pronóstico, sí.
Pero cuando te dicen cáncer te inunda un miedo que te zumba en los oídos y aprieta tan fuerte el corazón que no sabes cómo sigue latiendo.
Y así nació mi segunda obsesión: aprender a cuidarme a mí.
Porque mis hijas están sanas como manzanas.
Pero yo quiero seguir cuidándolas mucho tiempo.
Y no solo a ellas.
Si tengo nietos seguramente será pasados los 70.
Quiero tener fuerza para poder cogerlos en brazos.
Y agilidad para irme de excursión con ellos.
O de viaje…
En 2027 cumpliré 50 años.
Mi objetivo es llegar a los 120.
Lo digo medio en broma.
Pero solo medio.
Porque hoy en día ya no es una utopía.
Claro que la genética importa.
Pero aún pesa más lo que hacemos para conservar nuestra salud, autonomía, fuerza y ganas de vivir.
Y voy a hacerte spoiler: no es una sola cosa.
Ya sé que tener “la clave” sería fantástico.
Suena muy bien lo de “lo único que tienes que hacer es…”
Pero es autoengañarte.
Y lo sabes.
La buena noticia es que tampoco hace falta hacerlo todo “perfecto”.
Por eso quiero contarte lo que realmente importa para cuidar de tu salud y la de los tuyos.
No voy a prometerte milagros.
Ni a hablarte de conspiraciones.
Porque la salud no funciona así.
Como buena ingeniera, me baso en datos.
No me quedo con un “esto es bueno” o “esto es malo”.
Quiero saber cuánto importa.
Comparado con qué.
Y qué ocurre cuando lo juntas con todo lo demás.
Con evidencia científica.
Sin alarmismos.
Y sin reduccionismos.
Todo eso es lo que comparto en I², Instinto Informado.
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